martes, 27 de mayo de 2008

Sine Justitia Nihil

MARIAJOSÉ


Me gusta hablar. Y hablar de la gente. No tengo ningún problema en reconocerlo. Soy clara, sincera, directa. Si tengo algo que decir, no me corto. Lo digo a la cara y punto. Pero a la gente en el fondo le jode que les digas la verdad. Primero te piden que lo hagas, pero luego les jode. Se enfadan. Empecé a trabajar en la empresa en septiembre de 2007, va a hacer ahora un año y medio. Tenía mucha experiencia como secretaria porque llevaba desde los diecisiete currando en otra compañía también de fabricación de coches… Prefiero no decir el nombre porque acabé bastante mal con ellos… La historia no viene a cuento, pero vamos que me echaron porque me quedé preñada y me las vi putas para conseguir el despido improcedente. Las grandes multinacionales siempre hacen lo mismo. Se aprovechan de los débiles. El caso es cuando llegué a esta empresa, el Sr. Nadal me pareció encantador. Educado, inteligente y con las ideas claras que es como a mí me gustan los jefes. Bueno, que me gustan, ya me entiende, que me gustan como jefes… Bueno, pues eso. Que soy la secretaria personal del presidente, hago mis ocho horitas diarias y en principio ningún problema.

Sobre Matías, lo mismo. Yo no tengo relación directa con él, salvo cuando el Sr. Nadal me pide que lo llame para tratar algún tema de trabajo o cuando les organizo las reuniones en la sala de juntas, las comidas o les reservo la pista de squash. Pero me parece un caballero eficiente, amable y con mucha sensibilidad, porque siempre me está preguntando por lo del asma de mi hijo y parece que se interesa sinceramente.

La primera que me comentó ‘lo de Matías’ fue Susi, su secretaria. Todas las secres del equipo directivo solemos comer juntas en la cocina. Nos traemos los tapers y los calentamos en el microondas de segunda mano que nos regaló el Sr. Nadal por Navidad cuando su mujer decidió comprarse uno nuevo. El caso es que obviamente ‘lo de Matías’ yo ya lo sospechaba, porque esas cosas se notan. Pero claro, lo que no sabía es que fuera a dar el paso. Oye, que a mí, me parece de puta madre que fuera del trabajo cada uno haga lo que quiera. Que yo no digo ni pío. Pero ya sabes…

Hace dos semanas Matías debía reincorporarse a su puesto de director técnico. El Sr. Nadal me pidió expresamente que lo avisara en cuanto apareciera por la oficina. Y eso es lo que hice.

Del resto de la compañía, no es que Matías lo anunciara públicamente por la Intranet, pero vamos que al final todos se habían enterado. Ya sabes como es la gente… Les gusta hablar…


EL SR. NADAL

(El Sr. Nadal está sentado en su gran sillón de cuero. Junto a él permanece de pié y callado Fermín Gómez, responsable de contabilidad.)

SR. NADAL- Sí, por favor Matías, entre.

MATÍAS- Gracias.

SR. NADAL- Bueno. Acabo de recibir los últimos informes macroeconómicos sobre el sector automovilístico y las cosas, sinceramente, no pintan bien. La subida de precios del petróleo, el fiasco de los biocarburantes, ya sabe, ahora parece que a esos chinos les ha dado por comer pollo y nos han jodido todas las centrales que estábamos plantando en Europa. Una pena, una pena… Fíjese que yo confiaba en el biodiesel, pero claro, ahora se ha puesto más caro comprar un barril de aceite de girasol que vender el biocarburante manufacturado… un desastre. Y el Gobierno como siempre tocándose las pelotas. Y bueno, nos afecta, nos afecta.

Y luego están esos putos coreanos fabricando sus mierdas de coches y vendiéndolos a saldo, y no te cuento lo de esos indios, que tienen a niños trabajando en sus fábricas, por nada… Gratis…. Y claro, las cosas, sinceramente, no pintan bien…

¿Sabe cuántos años llevo al frente de esta compañía? Treinta y siete. Treinta y siete. Se dice pronto. Y yo no soy ingeniero, ni economista, estudié derecho. Porque sabe, el derecho enseña la verdadera justicia: ‘Sine justitia nihil’ ¿Sabe lo que significa? Tenemos que ser justos.

Fermín me ha pasado unos datos… a ver… sí, aquí están. Sí. Bueno. Estos datos son sus facturas mensuales de los últimos seis años. Antes de nada, ¿tiene algo que decir al respecto?

MATÍAS- Eh, bueno, no sé. ¿Facturas? Sí. He pasado mensualmente alguna comida siempre con algún cliente, los viajes de trabajo y más o menos, creo que eso es todo.

SR. NADAL- Ya.

MATÍAS- No sé. ¿Hay algún problema?

SR. NADAL- Bueno. Matías, las cosas no pintan bien. No pintan bien. La compañía está atravesando una situación de crisis y sintiéndolo mucho nos vemos obligados a hacer ciertos recortes. También hemos examinado sus visitas a Internet ¿tiene algo que decir al respecto?

MATÍAS- No sé. Bueno en principio puede que haya consultado alguna página para comprar un billete de avión…

SR. NADAL- Sí, precisamente el 13 de noviembre del año pasado y el 6 de abril de 2006.

MATÍAS- Ya, pero...

SR. NADAL- Varias páginas sobre centros médicos, alguna de casas rurales y diariamente las páginas del Periodico, el Mundo, El País, El Confidencial y el ABC.

MATÍAS- Bueno, me gusta informarme de lo que pasa en el mundo. Es importante para mi trabajo.

SR. NADAL- Fermín, acérqueme por favor las facturas del teléfono. Gracias. El teléfono de la compañía está sólo para hacer llamadas de trabajo Matías…

MATÍAS- Lo sé, y prácticamente jamás lo he utilizado fuera del…

SR. NADAL- Sintiéndolo mucho, creo que usted y yo tenemos distintos puntos de vista y no nos entenderemos. La compañía le agradece sus seis años de dedicación, pero considera oportuno que a partir de ahora usted siga sus pasos por separado, quiero decir, fuera de esta empresa.


SARAH

Si he decidido dar mi caso a conocer es para poder ayudar a otras personas que estén en mi misma o parecida situación. Espero que la sociedad reaccione, que la justicia me apoye y sobre todo que se impida que estas circunstancias vuelvan a repetirse.

Después de hacer el ejercicio matinal que me había recomendado mi cirujano para que ‘todo quedara en su sitio’, me di una ducha y me recreé durante un rato en la imagen desnuda que me devolvía el espejo. Tengo unos pechos redondos y llenos, apuntados por unos pezones claros. Someto mi piel a sucesivas exfoliaciones que luego abrillanto con aceite. Soy alta y me entusiasma la forma que adoptan mis interminables piernas al colocarme de puntillas. De pequeña, había soñado con ser una gran bailarina y, probablemente, se desaprovecharon buenas aptitudes pero en casa nunca me permitieron estudiar ballet.

El ‘platino-rizado-natural, Mario, ya sabes cómo lo quiero’ con el que mi pobre peluquero había conseguido después de toda una tarde contentar a su querida amiga, no resultó sencillo de lograr en casa. Sólo, tras tres cuartos de hora armada con los rulos, la foto de Marilyn en una mano y el secador en la otra, conseguí quedar satisfecha. Desfilé desnuda desde el baño hasta la ventana, que había dejado abierta en mi habitación. Esa mañana disfruté del roce de mi piel embadurnada. Me sentía nueva. Aquel día todo era distinto. Por primera vez, desde hacía mucho tiempo, sabía perfectamente lo que me pondría para ir a trabajar. Antes de la operación había visitado todas las tiendas del Eixample hasta dar con el vestido más adecuado. Sabía que, en cuanto lo viera, podría reconocerlo y así es cómo había sucedido. El modelo hubiera resultado sutil y elegante si no fuera porque, al igual que solía hacer mi admirada Norma Jeane, me había propuesto enfundarme en un traje dos tallas más pequeño que mi cuerpo.

La luz de la mañana empezaba a escaparse por la silueta que recortaban los tejados de las casas de enfrente y un brillo matinal parecía iluminarlo todo con un halo mágico.

En el revés de mi armario tenía dos espejos gigantes, los únicos que me permitían ver mi figura entera. Antes de salir de casa me eché una mirada y, complacida con el efecto, me regalé una última sonrisa.

De camino a la oficina disfruté imaginando las reacciones de mis compañeros. Hacía un mes había explicado a mi jefe la delicada situación por la que iba a tener que pasar. Llevaba mucho tiempo esperando a ser operada y en un alarde de la excelente capacidad organizativa, propia de lo buena ingeniera que soy, lo dejé todo dispuesto antes de ‘irme de vacaciones’.

Mi entrada en la compañía no fue todo lo triunfal que había esperado. Había muchos sitios vacíos y sólo Susi se acercó a darme dos besos y comentarme lo guapa que estaba.

En mi despacho, el ordenador de siempre, los mismos ficheros, el marco con la foto de mis sobrinos hacía dos veranos, las dos plantas artificiales, todo estaba igual, pocos cambios para un día en el que yo lo veía todo distinto.

Acababa de sonar la música de bienvenida de Windows, cuando vi que me llamaban desde la extensión de Mariajosé, la secretaria de Javier Nadal: ‘Buenos días’- dije. ‘Buenos días, el Sr. Nadal quiere que, por favor, pase por su despacho; si puede ser, inmediatamente’. Un escalofrío dejó helado mi cuerpo y, sin dejar de estar sorprendida, intuí por un momento lo que me estaba esperando.

Una puerta de metal gris protegía el acorazado al que ahora recordé haber entrado sólo en dos ocasiones, cuando firmé mi primer contrato y cuando recibí el premio del año pasado a la mejor gestión. El eco de los tres golpes retumbó hueco y solemne. Desde dentro se escuchó una voz ronca y cínica: ‘Sí, por favor Matías, entre’.

Athenea Mata

Inspirado en el artículo ‘Una multinacional despide a un directivo tras cambiar de sexo’
publicado por JULIO CARBÓ en EL PERIÓDICO el 20/12/2007.



4 comentarios:

Simply "L" dijo...

Historia&despecho, blog&facebook, gnea&bb...

Atónito dijo...

Curiosa historia. Me gusta, la veo agil y fluida... ¿por qué no un guión?

Anónimo dijo...

Me ha parecido muy viva esta pequeña historia ¿has escrito otros relatos cortos?

Athenea Mata dijo...

He escrito algunos relatos...unos cortos, otros no tanto, alguno vivos, otros que murieron sin ni siquiera llegar a nacer... Me alegro de que os haya gustado :p