viernes, 9 de mayo de 2008

Su voz...

Si no fuera por sus ojos nunca me habría adentrado en lo sencillo de su mirada. Un negro nítido por el que resbalé hacia su boca creo que, navegando en una lágrima.

Si no fuera por lo suave de su pelo nunca habría perdido mis dedos en su espalda. Geometría perfecta de dunas deslizadas donde entre danzas de besos se blandieron dos ánimas.

Si no fuera por lo auténtico de sus sabias palabras, por lo claro de su risa, por lo bueno de su alma, quizás nunca habría descubierto lo divino de las notas que de su pecho emanaban.

De sosegada, dulce e ingrávida madera de balsa, su voz es el filo de aire potente en donde el equilibrista baila; Salvaje chorro de catarata. Trueno de fuego que la hoguera desgarra.

Si no fuera por las notas que Él cantó hasta mi oído y suaves acariciaron mi alma, quizás no me habría despertado y en este hechizo de luz no viviría enamorada.