lunes, 30 de junio de 2008

3 Radicales libres

Con motivo de la celebración de Radicals’08, Cicle de nova creació escènica, que transcurrió durante los pasados meses de abril y mayo en el Teatre Lliure de Barcelona, se reunieron en la Ciudad Condal diversos artistas que tuvieron la oportunidad de exhibir algunas de sus últimas y más arriesgadas propuestas.

  • Cargo Sofia-Barcelona de Stefan Kaegi (Rimini Protokoll) el 26 de abril de 2008.
  • Arrojad mis cenizas sobre Mickey de Rodrigo García (La Carnicería) el 3 de mayo de 2008.
  • El año de Ricardo de Angélica Liddell (Atra Bilis) el 3 de mayo de 2008.


“Un radical libre es una molécula, en general, extremadamente inestable y, por tanto, con gran poder reactivo”.

No es casualidad que Kaegi, García y Liddell coincidan en un ciclo que ostenta de nombre el de ‘Radicales’ y cuyo núcleo de acción se ha desarrollado en el Teatre Lliure, ‘Teatro Libre’ de Barcelona. Con estos tres autores el espacio escénico que ya concibieran Lluís Pasqual y Fabia Puigserver en 1976 como un ‘centro de arte para todos’, siguiendo el modelo que había iniciado Strehler bastantes años antes con el Piccolo de Milán, se reafirma en su intento de revitalización teatral, pero no desde una variación revolucionaria, sino, desde una perspectiva reaccionaria. De ahí radical.

La primera ‘reacción’ que se produce en el organismo que entra en contacto con estas tres ‘moléculas’, es descubrir que la radicalidad no siempre se explica a través de los dos extremos de los que Aristóteles proponía extraer partes alícuotas para obtener la virtud. Las tres propuestas representan una infinita multiplicidad de posibilidades para plantear cada situación. El arte tiene como función ayudar a conocer la realidad y, sobre todo, el alma humana. Al entrar en contacto con nuestras células, estos radicales libres alteran el binomio de conocimiento predominante en nuestra sociedad; el del blanco y el negro, el del sí o el no, el de la derecha o la izquierda. Pero no sólo desocupando esas posiciones extremas preconcebidas, sino abriendo la puerta a otras formas, otros lugares, otras maneras, a los que sólo ejercitando nuestra imaginación podemos llegar: Espacios sueltos, nuevos, no ocupados. De ahí libre.

Kaegi escoge alterar nuestras membranas por el contacto con el oxígeno exterior. Para ello ‘secuestra’ nuestros átomos y ejerce una función didáctica a través de un intercambio lúdico. El espectáculo se plantea como una de esas experiencias de turismo industrial que los gobiernos y las empresas privadas publicitan ahora tanto en sus panfletos: ‘Visita una auténtica bodega de cava del Penedès’; ‘Ven a conocer cómo se hace el mejor tinto de la Rioja’; ‘¿Quieres saber cómo se elabora el aceite en una almazara tradicional?... A priori Vento y Svetoslav podrían subirse a este carro comercial-pseudo-cultural. Venderían pequeños camioncitos hechos a escala, invitarían a los más atrevidos y pudientes a dormir en su cabina e incluso tendrían el slogan con melodía pegadiza ya diseñado para su campaña: ‘Yo para ser feliz quiero un camión’. Pero ahí es donde Rimini Protokoll desocupa su espacio. En Cargo Sofia-Barcelona hay un trasfondo político y social. El vaso de Grappa que se ofrece a los ‘espectadores’ no es un anzuelo para que al pasar por la tienda, de parada obligatoria antes de la salida, compremos una botella de su bebida nacional. En la plaza del Mercat de las Flors, de hecho, no hay un comercio que venda productos búlgaros. El chupito es un regalo de agradecimiento. Un elixir para ayudarnos a pensar en todo lo que hemos visto y se nos ha contado. Una invitación a reflexionar sobre la vida y el trabajo de estos conductores que ‘cargan’ nuestra comida fresca y la colocan en nuestras neveras, mientras ellos se alimentan de latas de conservas. Un enlace químico de empatía con su soledad y precarias condiciones de trabajo.

Para sus ataques, Rodrigo García altera nuestro material genético con los cuatro elementos produciendo distintas reacciones: Combustión (fuego), disolución (agua/miel), solidificación (tierra/barro) y volatilización (aire); todo ello catalizado sobre un campo magnético de polos alternos de poesía y dolor. La plástica de su propuesta recubre la filosofía de sus textos de una dimensión transgénica más reactiva no sólo en capacidad, sino también en su apertura de nuevos frentes. El espectador, alterado, se cuestiona su propia forma de vida que ve reflejada en el escenario como un arquetipo anquilosado, robotizado y servil. Un ser postmoderno carente de ideas autónomas, víctima del consumo, invalidado por la tecnología, alejado de sus sentidos y de su yo interior, manipulado por el marketing y los gobiernos. Desaparecido. Inexistente. Ajeno. A pesar de haber leído algunas críticas al respecto, no calificaría Arrojad mis cenizas sobre Mickey como una obra pesimista. En el ‘Y ya no hay vuelta atrás’ con el que García remata el proceso, descubro una clave de la catarsis sufrida por el espectador entendida como un cambio irreversible. El producto final de la transformación se sintetiza en la frase anterior de la obra: ‘Las dos palabras que mejor expresan esto son NOUVELLES FRONTIÈRES. Nuevos límites’.

Angélica Liddell es un agente altamente mutagénico, carcinogénico y teratogénico, y una exposición prolongada a su alcance puede producir daños irreparables en la salud. Pero también son perjudiciales la contaminación, la radiación solar, el tabaco, las grasas, el alcohol y otros muchos elementos con los que convivimos y disfrutamos día a día. Por eso, las autoridades sanitarias dejan a nuestra libre elección el tomarlos en sus dosis adecuadas. Sin duda, las dos horas y cuarto del Año de Ricardo son un exceso de Angélica respecto a los límites aconsejados que, en algunos casos, puede resultar fatal. La actriz no necesita elementos externos para la reacción química porque ella sola es un tifón de la actuación, una catarata de energía inacabable, un monstruo que engulle al personaje de Ricardo y que a la vez es vulnerable como una niña huérfana. Al principio, el espectador escucha y reflexiona sobre lo que el texto critica acerca de las aptitudes y capacidades de nuestros líderes políticos. Retiene algunas ideas sobre la subjetividad de las editoriales a la hora de escoger unos autores más comerciales que profundos. Recuerda lo terrible de las guerras y sus víctimas colaterales. Pero, a medida que avanza la obra, para la gran mayoría de los que no acaban decesos, hay un momento en el que un dispositivo automático de protección se dispara y los gritos y la repetición de ideas, a una velocidad inmensurable, se convierten en un susurro anestésico que sólo dice: por favor, que se calle, que se calle... Leyendo entrevistas de la artista y, aunque tenga ciertas dudas al respecto dado su evidente narcisismo, quizá sea cierto que ésta es una de las reacciones previstas. En cualquier caso, ya sea en un sentido puramente químico o literal, no cabe duda de que los espectadores del Año de Ricardo acaban altamente alterados. Algunos, tan intensamente, como para otorgarle en abril de este año el II Premio Valle-Inclán de Teatro.

Los radicales libres están relacionados con el envejecimiento orgánico, pero en nuestro interior existen células que se renuevan continuamente, como las de la piel o las del intestino. Kaegi, García y Liddell son tres radicales libres que nos muestran de frente el espejo ampliado del que no escapan nuestras arrugas, nuestro conformismo, nuestro asentamiento. Nos provocan a renovarnos, al igual que son capaces de hacerlo algunos tejidos del ser humano. Tres estilos diferentes de buscar ‘nuevas reacciones', ‘nuevas fronteras’ y ‘nuevos cuerpos’.

‘Poca es la vida si no piafa en ella un afán formidable de ampliar sus fronteras. Se vive en la proporción en que ansías vivir más. Toda obstinación en mantenernos dentro de nuestro horizonte habitual significa debilidad. El horizonte es la línea biológica, un órgano viviente de nuestro ser. Mientras gozamos de plenitud, el horizonte emigra, se dilata, ondula elástico, casi al compás de nuestra respiración. En cambio, cuando el horizonte se fija, es que se ha anquilosado y que nosotros ingresamos en la vejez'. Ortega y Gasset


1 comentarios:

Paula Mocinho dijo...

me ha gustado mucho tu artículo. en contenido y en forma. tienes estilo. gracias.