Interior de un ascensor. NORBERTO tiene unos cuarenta años, es de origen italiano. MARÍA está estrenando sus treinta.
NORBERTO.- Hola.
MARÍA.- Hola.
Silencio.
NORBERTO.- No te caigo bien, ¿verdad?
Silencio.
MARÍA.- No.
Silencio.
MARÍA.- Pero no es por nada. Hay gente con la que tienes más química y gente con la que, bueno, pues eso, que fuera de clase, pues no tendrías una amistad.
Silencio.
MARÍA.- En realidad, y ya que lo preguntas, no me gusta cómo hablas en clase. Eres demasiado retórico, un pedante. Un Terenci Moix parlante.
Silencio.
MARÍA.- Yo no pensaba decírtelo, pero como me lo has preguntado... De todas formas, valoro que eres un tío muy culto. Sabes sobre muchos temas. Es sólo que al expresarte, pues, utilizas siempre la manera más larga de llegar a un punto. Como dirías tú: una trayectoria rococó helicoidal dirigida por un narcisismo ególatra carente de todo respeto por una audiencia atónita a la que disfrutas dejando expectante. Y al fin y al cabo, existiendo rectas...para qué andarse con rodeos...
Silencio.
MARÍA.- Conozco a una psicóloga que dice que si algo te da rabia de alguien es porque probablemente compartas con esa persona aquello que tanto te irrita de ella. Por eso últimamente me he preguntado si acaso yo soy pedante. O quizá me gustaría serlo... y escuchándote a ti me siento pequeñita y veo que no puedo...
Silencio.
MARÍA.- Pero sabes, no. Ni lo soy ni me gustaría. Me encanta la sencillez. 'Lo bueno si es breve dos veces bueno'. Lo claro, lo nítido, lo auténtico, lo sincero...
Silencio. La puerta del ascensor se abre en el tercer piso.
NORBERTO.- ¿Perdona? Te has quedado ensimismada. Como has sido tú la que apretaste a esta planta, te estaba preguntando si bajabas.
MARÍA.- ¡Ah! Sí, sí. Perdón.
NORBERTO.- Tranquila. No pasa nada.
NORBERTO.- Hola.
MARÍA.- Hola.
Silencio.
NORBERTO.- No te caigo bien, ¿verdad?
Silencio.
MARÍA.- No.
Silencio.
MARÍA.- Pero no es por nada. Hay gente con la que tienes más química y gente con la que, bueno, pues eso, que fuera de clase, pues no tendrías una amistad.
Silencio.
MARÍA.- En realidad, y ya que lo preguntas, no me gusta cómo hablas en clase. Eres demasiado retórico, un pedante. Un Terenci Moix parlante.
Silencio.
MARÍA.- Yo no pensaba decírtelo, pero como me lo has preguntado... De todas formas, valoro que eres un tío muy culto. Sabes sobre muchos temas. Es sólo que al expresarte, pues, utilizas siempre la manera más larga de llegar a un punto. Como dirías tú: una trayectoria rococó helicoidal dirigida por un narcisismo ególatra carente de todo respeto por una audiencia atónita a la que disfrutas dejando expectante. Y al fin y al cabo, existiendo rectas...para qué andarse con rodeos...
Silencio.
MARÍA.- Conozco a una psicóloga que dice que si algo te da rabia de alguien es porque probablemente compartas con esa persona aquello que tanto te irrita de ella. Por eso últimamente me he preguntado si acaso yo soy pedante. O quizá me gustaría serlo... y escuchándote a ti me siento pequeñita y veo que no puedo...
Silencio.
MARÍA.- Pero sabes, no. Ni lo soy ni me gustaría. Me encanta la sencillez. 'Lo bueno si es breve dos veces bueno'. Lo claro, lo nítido, lo auténtico, lo sincero...
Silencio. La puerta del ascensor se abre en el tercer piso.
NORBERTO.- ¿Perdona? Te has quedado ensimismada. Como has sido tú la que apretaste a esta planta, te estaba preguntando si bajabas.
MARÍA.- ¡Ah! Sí, sí. Perdón.
NORBERTO.- Tranquila. No pasa nada.
1 comentarios:
Psssssssst...
Publicar un comentario en la entrada