jueves, 3 de marzo de 2011

En blanco

Gusanos de interludios y palabras han rellenado espacios impolutos que desde ese momento nunca más volvieron a serlo. Así, el alma humana que se gesta intacta viene a este mundo a llenarse de costras. Qué absurdo destino. Si no fuera porque las heridas del corazón son una prueba evidente de un placer anterior ahora extinto.

Si el poeta borrara sus versos, si el pintor no tuviera colores con los que manchar su paleta, si el artista no pudiera subirse a un escenario a mirar a los ojos de un público que reconoce en su mirada el amor que una vez compartió...

Y ahora dices que me dejas. Te alejas. Te quejas. Te autodenominas rata pendeja...

Y yo quería subir contigo por las líneas de colores que llevan al sol y pedir prestada al firmamento una estrella para ponértela en la solapa. Y perderme en tus ojos cantando sonetos a la luna y nadando en un agua de mar cristalina, mientras una brisa suave entrelaza nuestros cabellos.

Y puede ser que haya más vidas que ésta. Pero si no las hay, ¿qué?
Menuda putada.